1 DE NOVIEMBRE. DÍA DE TODOS LOS SANTOS
Día entre nubes y claros. Día de Todos los Santos. Recuerdo, que cuando era pequeña, un día como hoy veía grandes hileras de personas camino al cementerio, portando ramos de flores y artilugios para adecentar las lápidas y nichos donde descansaban sus muertos. La linea de autobús 131, que entonces era una camioneta verde llamada P31, conducía abarrotada de una muchedumbre enlutada, haciendo lo que tocaba ese día, ir a visitar a sus seres queridos que descansaban en la soledad más absoluta durante todo el año, y ese día, la conciencia les empujaba absurdamente a realizar una extraña visita, que durante el resto del año, en la mayoría de los casos, estaba olvidada. Yo no terminaba de entender, por qué ese día y no otro, se llevaba a cabo tal actividad. Ese día todo el mundo sentía, el dolor obligado, de los que les llenaban de ausencia. Hoy sigo sin entenderlo. Recuerdo, como algunos vecinos, salían de madrugada, para "llegar a tiempo" y no tener que esperar mucha cola en la entrada. "Para llegar a tiempo a qué", volvía a preguntarme. Solo una vez, acompañé a mi padre a visitar a mis abuelos, que yacián enterrados cada uno en un nicho. Y no fue el día de Todos los Santos. Era un domingo soleado. Papá se quedó muy triste, cuando falleció la abuela, un día gélido del mes de febrero. Nunca le había visto así. La tristeza le envolvía por completo, en cada uno de sus gestos o movimientos. A la vez, yo me sentía muy triste, porque Papá siempre era alegre y dichacharachero, y su semblante se había transformado en una sonrisa alicaída y sutil. Estuvimos allí, primero frente al nicho de su madre y más tarde frente al de su padre. Él murmuraba en bajito, algunas palabras que yo no alcanzaba a entender. Luego más tarde comprendí, que intentaba comunicarse con ellos. Hablarles, aunque supiera que nunca más le podrían contestar. Ahora soy yo, la que lo intento a diario con él. Desde que se marchó me dejó una ausencia llena de sus palabras y abrazos... Pero está en mi corazón, y eso hará que para mí continúe vivo, en mi memoria. ¡¡¡Cómo olvidarle. Imposible...!!!. Creo que El Día de Todos los Santos, debe llamarse así, porque los que dormitan para siempre acaban conviertiéndose en eso, en Santos, porque nunca podrán revatirnos nuestras palabras o hechos, y porque acudimos a ellos en busca de su consuelo, y en la mayoría de los casos, lo acabamos encontrando.
Día entre nubes y claros. Día de Todos los Santos. Recuerdo, que cuando era pequeña, un día como hoy veía grandes hileras de personas camino al cementerio, portando ramos de flores y artilugios para adecentar las lápidas y nichos donde descansaban sus muertos. La linea de autobús 131, que entonces era una camioneta verde llamada P31, conducía abarrotada de una muchedumbre enlutada, haciendo lo que tocaba ese día, ir a visitar a sus seres queridos que descansaban en la soledad más absoluta durante todo el año, y ese día, la conciencia les empujaba absurdamente a realizar una extraña visita, que durante el resto del año, en la mayoría de los casos, estaba olvidada. Yo no terminaba de entender, por qué ese día y no otro, se llevaba a cabo tal actividad. Ese día todo el mundo sentía, el dolor obligado, de los que les llenaban de ausencia. Hoy sigo sin entenderlo. Recuerdo, como algunos vecinos, salían de madrugada, para "llegar a tiempo" y no tener que esperar mucha cola en la entrada. "Para llegar a tiempo a qué", volvía a preguntarme. Solo una vez, acompañé a mi padre a visitar a mis abuelos, que yacián enterrados cada uno en un nicho. Y no fue el día de Todos los Santos. Era un domingo soleado. Papá se quedó muy triste, cuando falleció la abuela, un día gélido del mes de febrero. Nunca le había visto así. La tristeza le envolvía por completo, en cada uno de sus gestos o movimientos. A la vez, yo me sentía muy triste, porque Papá siempre era alegre y dichacharachero, y su semblante se había transformado en una sonrisa alicaída y sutil. Estuvimos allí, primero frente al nicho de su madre y más tarde frente al de su padre. Él murmuraba en bajito, algunas palabras que yo no alcanzaba a entender. Luego más tarde comprendí, que intentaba comunicarse con ellos. Hablarles, aunque supiera que nunca más le podrían contestar. Ahora soy yo, la que lo intento a diario con él. Desde que se marchó me dejó una ausencia llena de sus palabras y abrazos... Pero está en mi corazón, y eso hará que para mí continúe vivo, en mi memoria. ¡¡¡Cómo olvidarle. Imposible...!!!. Creo que El Día de Todos los Santos, debe llamarse así, porque los que dormitan para siempre acaban conviertiéndose en eso, en Santos, porque nunca podrán revatirnos nuestras palabras o hechos, y porque acudimos a ellos en busca de su consuelo, y en la mayoría de los casos, lo acabamos encontrando.
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